En la segunda ciudad más grande del mundo localizada en un desierto se
encuentra un oasis que sobrevive pese a todo. El crecimiento urbano de Lima, la
capital peruana ha ido aniquilando los pocos espacios naturales que tenía, sin
embargo, aún se conserva un gran humedal en su zona sur, en el distrito de
Chorrillos. Es un área protegida llamada Refugio de Vida Silvestre los Pantanos
de Villa (RVSPV).
Los Pantanos de Villa son un
reservorio de aguas subterráneas que provienen de lluvias y deshielos de la
cuenca del río Rímac. Es por eso que su ecosistema es de vegetación inundada o,
también llamado, de tierras húmedas. Este atributo le permite a los pantanos
albergar hasta 210 especies de aves (entre migratorias, residentes y de
registros eventuales), según información del Servicio Nacional de Áreas
Naturales Protegidas por el Estado (SERNANP).
Un bosque sumergido para las aves americanas
La condición de bosque inundado de los pantanos lo vuelve un espacio
ideal para diferentes aves migratorias que provienen del hemisferio norte
(Estados Unidos, Canadá, incluso el Ártico). La presencia de cientos de aves en
un solo gran humedal supone para los visitantes una experiencia indescriptible.
Más aún cuando todas vuelan al unísono y juegan en el cielo hasta ocultar un
poco la luz natural.
Gaviotas
de Franklin en pleno vuelo sobre la laguna Marvilla de Pantanos de Villa. Image
credit: Courtesy of Milton López
“Los pantanos sirven de corredor
biológico para cientos de aves que vienen del norte y vienen a descansar y
alimentarse en esta parte del continente, algunas todavía continúan más al
sur”, cuenta, Carlos Bramón, responsable del mantenimiento del Refugio de Vida
Silvestre de los Pantanos de Villa.
Carlos lleva más de 20 años
conservando esta área protegida. En 1995 comenzó su actividad, cuando el gran
humedal era, legalmente, un parque zonal. Eran tiempos diferentes. “Yo vivo en
Chorrillos. Comencé (en Pantanos de Villa) cuando era un parque zonal. No había
mantenimiento. Existía desmonte de basura, los residuos sólidos eran arrojados
a los canales de los pantanos”, recuerda.
Debido a diferencias entre
autoridades responsables no había quien afrontara el abandono ambiental de los
pantanos, pero finalmente se llegó a un acuerdo, recuerda Carlos Bramón. La
administración del área protegida es compartida. 80% del área total es administrada
por PROHVILLA, autoridad municipal. El otro 20% es responsabilidad del SERNANP
(Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado).
La
investigación científica es uno de las actividades que se promueven en el gran
humedal. Image credit: Courtesy of PROHVILLA
Gracias a la mejor
administración del área protegida ahora se promueven actividades ecosostenibles
como la visita programada de investigadores científicos, turistas, avistadores
de aves o el público curioso en general.
De acuerdo al biólogo
especialista en biodiversidad de PROHVILLA, Alejandro Cotillón Mendoza, la gran
temporada de presencia de aves migratorias inicia en septiembre, en octubre
empieza a elevarse. Recién en abril disminuye la presencia de aves migratorias
porque abandonan el lugar, pero permanecen las especies residentes o locales.
Las
gaviotas de Franklin es una de las especies migratorias que más masivamente
llegan a los Pantanos. Image credit: Courtesy of PROHVILLA
Son decenas las especies de aves las que se encuentran, muchas de ellas sufren de algún grado de amenaza como el pelícano peruano (Pelecanus thagus), el guanay (Phalacrocorax bouganvilli) y el piquero peruano (Sula variegata). Incluso se encuentran los famosos flamencos peruanos o, como se conocen localmente, las parihuanas (Phoenicoparrus andinus). También encontramos a las gaviotas de Franklin (Leucophaeus pipixcan), que vienen del norte y continúan su viaje hasta el sur argentino. Por temporada, pueden llegar hasta 40.000 individuos de gaviotas de Franklin al área protegida, sin contar a las otras aves y las más de 60 especies de plantas que las rodean. Una experiencia llena de vida en medio de un desierto.



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