Cada vez más cercado por el constante avance del ladrillo y el concreto, se yergue el último humedal de Lima Metropolitana, como un recordatorio para todo aquel que lo visita de que la capital, antes de su caos, su tráfico y su contaminación, fue un paraíso natural repleto de vida silvestre.
El recorrido está dividido en tres partes, a las que tienes que ir preparado física y mentalmente, pues vas a caminar un poco, pero cada experiencia lo vale. Todo está bien señalizado, los guías son muy atentos y no te dejarán solo. Además, por el tema de la pandemia, han habilitado puntos de desinfección a lo largo de todo el recorrido, y un centro de lavado de manos. Hay, además, un estacionamiento para bicicletas, ambientes de espera muy amplios, una pequeña cafetería y la boletería acepta el pago en efectivo o con tarjeta.
EL ÚLTIMO HUMEDAL
Algo que te repiten todos los guías y que se aseguran que aprendas muy bien, es que el nombre del lugar tiene un problema que quizá repercute negativamente en las personas que escuchan hablar de este. Los Pantanos de Villa no son pantanos propiamente dicho.
Un pantano es un lugar en donde el agua está empozada, es decir, no fluye ni sigue su camino hasta el mar. Este estancamiento de agua hace que crezca otro tipo de vegetación y prospere otro tipo de fauna, además de generar un olor característico no tan agradable para los visitantes.Sin embargo, los “Pantanos” de Villa son en realidad humedales, pues se forman de la filtración de agua de distintos manantiales y ríos, como el Rímac y el Lurín. Estas aguas sí se mantienen en movimiento y desembocan en el mar, por lo que al visitar el lugar, el olor a estancado no existe y las excusas para no visitarlo desaparecen.
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REFUGIO DE VIDA SILVESTRE PROTEGIDO
Hablar de los Pantanos de Villa es más que solo unas lagunas y un poco de vegetación. Es el hábitat de una cantidad extraordinaria de vida salvaje que perviven en perfecto equilibrio. Un equilibrio que incluso se alcanzó pese a la intromisión de especies de manera artificial debido a la acción del hombre.
Según nuestro amable guía, Jorge, se han registrado 212 especies diferentes de aves, entre las residentes, que eligieron a los Pantanos de Villa como su lugar de anidación, y migratorias, que usan los humedales como lugar de descanso en sus grandes y sorprendentes trayectos. Hay registro de aves provenientes de la selva amazónica, las alturas de la sierra o incluso de zonas tan alejadas como Canadá y la tundra Ártica por el norte o Argentina y Chile por el sur.
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Por tratarse de un corredor ecológico internacional, los Pantanos de Villa han sido considerados como un humedal designado como de importancia internacional bajo la Convención de Ramsar, un tratado ambiental intergubernamental establecido en 1971 por la UNESCO, que proporciona la base para la acción nacional y cooperación internacional con respecto a la conservación de humedales y el uso racional y sostenible de sus recursos.
Además, hay registro de 8 especies de mamíferos (tres tipos de murciélagos y cinco tipos de roedores), entre los que destaca un tipo de cuy del que se mantiene un debate científico sobre si se trata de una especie endémica o fue introducida artificialmente por el hombre.
13 especies de peces, entre los que destacan la tilapia, especie depredadora erróneamente introducida de forma artificial pero que logró encontrar su equilibrio con el paso del tiempo gracias a que su número no aumenta por ser parte de la dieta de otras aves.
También hay 55 tipos de arañas, 3 tipos de culebras, y varias especies de insectos que convierten el lugar en un maravilloso recinto de vida natural coexistiendo en perfecta armonía.
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CONCIENCIA ECOLÓGICA
Llegue con la intención de ver algo de naturaleza y salí con una inesperada pero contundente lección: nuestro planeta es maravilloso y se ha adaptado y equilibrado pese a la acción depredadora del ser humano y su crecimiento abrumador. Los Pantanos de Villa siguen floreciendo y dando cobijo a tanta vida natural que es imposible no conmoverse y reflexionar.Sin embargo, espacios como estos se mantienen en constante riesgo de desaparecer y es deber de todos los que visitan los Pantanos de Villa de adoptar estilos de vida menos dañinos al medio ambiente. La importancia del cuidado del agua, el generar menos basura, respetar las áreas protegidas o exigir a las grandes industrias a que sean menos contaminantes, tal vez suenen a granos de arena, pero por algo debemos empezar. Siempre será mejor que no hacer nada y vivir indiferentes al tema.
Luego de unas horas de recorrido, me despiden amablemente, agradecen mi visita y yo regreso a mi bicicleta conmovido por la gran lección aprendida.
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